Ir y venir

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Es una suerte tener un pueblo al que regresar, y qué mejor lugar para empezar esta nueva etapa que en la desembocadura de un río, donde todas las aguas se convierten en un nuevo mar.

Ir y venir

Es una suerte tener un pueblo al que regresar, y qué mejor lugar para empezar esta nueva etapa que en la desembocadura de un río, donde todas las aguas se convierten en un nuevo mar.

Como seguramente sabes, Casa Atlântica nació en Barcelona, en un pequeño local del barrio de Gràcia, de la idea de revalorizar aquellos productos cotidianos que tanto nos gustaban de nuestros lugares de origen y que formaban parte de nuestra historia personal.

Durante estos años, aprendimos mucho, crecimos profesionalmente y lo más importante, forjamos amistades invaluables.

¿Y ahora que hemos cerrado nuestro espacio en Barcelona y nos hemos vuelto al pueblo, qué? Pues que más allá de las grandes ciudades, tan vibrantes y llenas de oportunidades, queremos reivindicar este lado del Atlântico como un lugar donde crear y vivir y no solo del que inspirarse, sino también construir, experimentar y aprender a través de la acción.

Por ahora, tenemos un pequeño espacio de trabajo en algún lugar de las Rías Baixas que pronto os enseñaremos y esta web se convierte en el corazón de nuestra marca, donde encontrarás todo lo que te gustará saber sobre nuestros productos, noticias e historias. Ahora nuestra página web es el epicentro de nuestra marca, un recurso vital para que Casa Atlântica continúe navegando a nivel global.

Pero para empezar a poner los pies de nuevo en estas tierras, nos hemos propuesto re-explorar nuestro entorno, capturando en fotografías nuestros lugares favoritos.

Las imágenes que ves están hechas en Goián, a orillas del río Miño, el más caudaloso de Galicia, en una casa típica de la zona con paredes encaladas y una gran parra que se extiende creando un dosel natural. Se trata de una pequeña construcción situada en uno de los caminos que discurren en paralelo al río, que fluye sin descanso ofreciendo paisajes deslumbrantes.

A un lado, Galicia, al otro, Portugal.

El tiempo aquí se detiene. Imaginarios en torno a la frontera y sus aguas mágicas repletas de leyendas, como la que cuenta que el río te susurra si prestas atención.


Aquí la naturaleza extrema nos recuerda lo pequeños que somos.

Fortalezas medievales, islotes, una red de senderos transfronterizos, la brisa entre los árboles de esta gran desembocadura influenciada por las mareas acompaña siempre a sus vecinos, los arraianos*.

Como te decíamos, en este viaje de vuelta esta web es nuestra nueva Casa y a través de ella seguiremos creando historias y productos que esperamos os gusten. No dejes de echar un vistazo a nuestra nueva colección de lámparas y botellas trenzadas que acabamos de lanzar para comenzar esta nueva etapa.

Tal vez nos vayamos pronto a otro lugar, quién sabe. La vida es un ir y venir lleno de cambios, experiencias y transiciones… Pero aunque los pájaros vuelan lejos, siempre regresan a su nido.


Gracias por leernos.
Belén, Lester y Pedro.

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*En Galicia el término que define esta línea de separación es “a raia”, y al que vive en esta frontera se le conoce como “arraiano”.

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