Del mimbre a otras fibras: la pluralidad de la cestería ibérica
Primera parte
En Casa Atlântica trabajamos la artesanía en muchas de sus variantes, pero la cestería es el lugar al que siempre volvemos, un lenguaje que entendemos y que seguimos explorando cada día con más curiosidad.
Siempre he aprendido en casa, de manera natural, observando y practicando junto a mi padre, el artesano Álvaro Leiro, pero también fuera de ella: con profesionales y artesanos anónimos, en espacios donde el saber no siempre tiene nombre, y, como en todo oficio artesanal, también de forma autodidacta.
Cada cesta con su mimbre
El mimbre es una fibra natural que se obtiene de un arbusto de la familia de los sauces (Salix), cuyas ramas flexibles se tejen para crear muebles, cestos y otros objetos útiles. Su ligereza y resistencia lo han convertido en un material clásico de la cestería artesanal en Europa y más allá.
Aunque desde enfoques convencionales la cestería suele reducirse al mimbre, este material es solo una parte de una tradición mucho más rica y diversa. El mimbre destaca por su flexibilidad, que permite dar forma a estructuras complejas, así como por su ligereza y durabilidad.
Pero la cestería ibérica no se limita al mimbre. Más allá de este clásico, existen otras fibras y técnicas que han evolucionado al ritmo de los paisajes peninsulares, dando lugar a objetos tan diversos como eficientes y profundamente conectados con su entorno. En este post vamos a repasar algunas de ellas -no todas- porque existen infinidad.

Cestos de mimbre y caña de Pau Trepat

Cestos de mimbre y caña de Pau Trepat
Cada cesta con su mimbre
El mimbre es una fibra natural que se obtiene de un arbusto de la familia de los sauces (Salix), cuyas ramas flexibles se tejen para crear muebles, cestos y otros objetos útiles. Su ligereza y resistencia lo han convertido en un material clásico de la cestería artesanal en Europa y más allá.
Aunque desde enfoques convencionales la cestería suele reducirse al mimbre, este material es solo una parte de una tradición mucho más rica y diversa. El mimbre destaca por su flexibilidad, que permite dar forma a estructuras complejas, así como por su ligereza y durabilidad.
Pero la cestería ibérica no se limita al mimbre. Más allá de este clásico, existen otras fibras y técnicas que han evolucionado al ritmo de los paisajes peninsulares, dando lugar a objetos tan diversos como eficientes y profundamente conectados con su entorno. En este post vamos a repasar algunas de ellas -no todas- porque existen infinidad.

Pleiteras de Extremadura

Paisaje de esparto – © Museo del esparto de Cieza
Más duro que el esparto
El esparto es una de las fibras más representativas de la cestería ibérica, especialmente en las zonas secas del sur y del interior peninsular. El término esparto se utiliza habitualmente para nombrar las hojas, mientras que a la planta en su conjunto se la conoce como espartera o atocha. Dada su importancia en la economía de otras épocas, el esparto ha dejado huella incluso en los nombres de nuestra geografía: como en el barrio de Atocha, en Madrid, que debe su nombre a la abundancia histórica de esta planta en la zona.
Con esparto se fabricaban cordeles, calzado, capazos o útiles agrarios. Era una fibra estratégica: resistente, duradera y disponible. A diferencia del mimbre, el esparto no busca ligereza ni flexibilidad extrema. Exige fuerza, técnica y conocimiento del material. Su estética es consecuencia directa de su función: sobria, robusta y honesta.
Hoy, el esparto vive un momento de revalorización gracias a talleres y artesanos que han sabido actualizar este saber sin despojarlo de su carácter. Un ejemplo reciente es Ubedíes Artesanía, el taller liderado por Pedro Antonio Blanco Ubalde, que acaba de recibir el Premio Nacional de Artesanía. El del esparto siempre fue un oficio humilde que nunca se ha valorado ni pagado lo justo. Pero parece que, por fin, nos estamos dando cuenta de ese patrimonio cultural que teníamos.

Cabezas de esparto – Javier Sánchez – © Álvaro Felgueroso

Cabezas de esparto – Javier Sánchez – © Álvaro Felgueroso
Hoy, el esparto vive un momento de revalorización gracias a talleres y artesanos que han sabido actualizar este saber sin despojarlo de su carácter. Un ejemplo reciente es Ubedíes Artesanía, el taller liderado por Pedro Antonio Blanco Ubalde, que acaba de recibir el Premio Nacional de Artesanía. El del esparto siempre fue un oficio humilde que nunca se ha valorado ni pagado lo justo. Pero parece que, por fin, nos estamos dando cuenta de ese patrimonio cultural que teníamos.

Cestería en espiral – Álvaro Leiro

Ligero como la paja
Una de las técnicas más antiguas del repertorio peninsular es la cestería en espiral, donde las fibras (como paja de centeno o de cereales) se enrollan en torno a sí mismas y se cosen con materiales como la zarza o tiretas de mimbre.
Este método produce cestas cerradas, robustas y compactas, y se usaba tradicionalmente como recipiente de almacenamiento para grano o productos secos. Su construcción en espiral hace que cada objeto sea, literalmente, un registro del gesto repetido: vuelta tras vuelta, cosido tras cosido.
La paja también se utiliza en objetos que no están pensados para contener, sino para proteger. Entre ellos, los sombreros de paja, muy extendidos en distintas regiones, como el Sancosmeiro galego.
La técnica exige precisión y regularidad: primero se trenzan tiras y luego se cosen, el grosor de la trenza de paja y el ritmo de la espiral determinan tanto la resistencia como la comodidad de la pieza. Son objetos ligeros, pero estructuralmente complejos, pensados para acompañar largas jornadas de trabajo al aire libre.

Sancosmeiros – © Ramón Dimas, 1956

Sancosmeiros – © Ramón Dimas, 1956
La técnica exige precisión y regularidad: primero se trenzan tiras y luego se cosen, el grosor de la trenza de paja y el ritmo de la espiral determinan tanto la resistencia como la comodidad de la pieza. Son objetos ligeros, pero estructuralmente complejos, pensados para acompañar largas jornadas de trabajo al aire libre.

Álvaro Leiro para Loewe – © Yago Castromil
Flexible como el junco
Un capítulo singular de la cestería del noroeste de la península ibérica son las corozas: piezas de indumentaria utilitaria hechas con junco tejidas para proteger al trabajador del campo de la lluvia y el viento.
Estas piezas funcionan como puentes entre la cestería y la vestimenta: usan las mismas fibras, las mismas técnicas de trenzado y cosido, pero aplicadas al cuerpo humano.
Al cruzar la frontera hacia Portugal, aparece otra variación notable: la cestería de junco trabajada en telar. En lugar del entrelazado manual típico, aquí las fibras se tiñen previamente de colores vivos y se organizan en estructuras que se parecen más al tejido textil: urdimbre y trama cruzadas en patrones regulares.
Este enfoque permite conseguir superficies más planas y patrones repetitivos, y convierte al junco en un material que, aunque vegetal, dialoga con técnicas típicamente asociadas a los telares. El resultado son piezas muy diferentes a las típicas cestas de mimbre o esparto, con un ritmo visual definido y un tratamiento más gráfico de la fibra.

Cesta de junco – © Toino Abel

Cesta de junco – © Toino Abel
Al cruzar la frontera hacia Portugal, aparece otra variación notable: la cestería de junco trabajada en telar. En lugar del entrelazado manual típico, aquí las fibras se tiñen previamente de colores vivos y se organizan en estructuras que se parecen más al tejido textil: urdimbre y trama cruzadas en patrones regulares.
Este enfoque permite conseguir superficies más planas y patrones repetitivos, y convierte al junco en un material que, aunque vegetal, dialoga con técnicas típicamente asociadas a los telares. El resultado son piezas muy diferentes a las típicas cestas de mimbre o esparto, con un ritmo visual definido y un tratamiento más gráfico de la fibra.






